Saltar al contenido

17

Muchos de usteden recordarán mis entradas de hace unos meses, donde explicaba que me sentía "dentro de un armario" por ser escritora de homoerótica a espaldas de las personas de mi entorno. Por aquel entonces, sólo tres personas, mi marido, mi madre y mi hermana sabía de esta afición y yo no me sentía con ánimos de decírselo a nadie más.
Hablando una vez con Nisa Arce sobre el tema, ella me dijo que se "vio en la obligación" de contarlo al decidir publicar una novela (Pierrot), y que no fue para tanto, que la gente que lo acepta bien, y el que no, que también.
Aún así, no sé porqué, yo seguía en cierta medida ansiosa ante la perspectiva de contarlo, pero al mismo tiempo, me sentía tonta por no hacerlo. Sintiéndome un poco frustrada, esccribí esa entrada en mi blog, contando mi experiencia y me sorprendí al ver cuantas escritoras/ lectoras de homoerótica estaban en la misma situación o lo habían estado, algunas tan famosas como Dorianne y Nut.
Esto es sorprendente, y me hizo sentir por un lado, que quizá mi actitud de secretismo no era tan poco habitual, pero aún así, seguía sientiéndome mal por no decirlo.
Al mismo tiempo, la puerta del armario empezó a abrirse un poco, sin que yo me diera mucha cuenta. Primero mi hermana me dijo que se lo había contado a su marido (mi cuñado el friki, del que ya os he hablado), luego, un día en medio de una conversación familiar, mi madre le contó a mi padre que yo estaba escribiendo una novela HE. Creo haber dicho que él es un hombre profundamente homofóbico aunque del tipo de los que "no tengo nada en contra de los gays, pero prefiero no tenerlos delante", ya saben que tipo de persona digo. Cuando mi madre se lo dijo, él miró para mí y me dijo "¿Sí?" como esperando mi confirmación. Cuando se la di me miró con renovado interés (!) y me dijo: "¿Pero es romántica o sólo de ñaca-ñaca?". Creo que se quedó satisfecho cuando le dije que había un poco de todo. Si bien su respuesta fue sorprendentemente favorable, escurrió el bulto cuando mi madre le dijo que se podía leer el cuento que había incluído en la recopilación de san valentín de la colección homoerótica, enseñándole el libro en cuestión. En fin, no se le puede pedir peras al olmo.
Aún así, después de ese pequeño incidente empecé a darme cuenta que mi situación no era sólo insostenible, sino también ridícula. ¿Por qué estoy tan asustada por la reacción de los demás, máxime cuando sé que la gente que me quiere, me quiere lo suficiente como para no reprobarme nada, y que además, esta afición tampoco es reprobable? Venga hombre, vamos a salir del armario, y a quemarlo después!
Así que haciendo gala de una valentía (sin límites), invité a cenar a mi mejor amiga (porque las cosas bien hechas quedan mejor hechas) y en medio de una distendida conversación dejé caer que llevaba un blog, con la expresa intención de contárselo todo. Y lo hice, no sólo que escribía una novela homoerótica, sino que era aficionada al yaoi (dándole de paso una explicación de que es el yaoi), que había publicado un cuento con la colección homoerótica (dándole de paso una explicación de que es la colección homoerótica) y etc, etc. Ella, lo único que hizo fue reírse y decirme "no sé porqué no me extraña...". Claro que no es raro que no le extrañe, cuando ella me conoce tan bien. Su siguiente reacción fue enfadarse conmigo por no habérselo contado antes. He descubierto que esa es también una reacción muy común.
Al día siguiente, aproveché los restos de mi rapto de valentía y se lo comenté como si nada a otra buena amiga, que como tiene un hermano gay y es muy open mind no me dijo más que un "que guay" antes de volver su atención a la ropa que estábamos mirando. Total, que le resbaló.
Ayer, por fin, se lo dije (con público y todo) a mi muy mejor amigo. Creo que no les he hablado de él: él es el mejor amigo gay que toda chica debe tener, sólo que es hetero (aunque para su gran pesar, no lo parece). También es el único amigo que conservo de mi época de instituto, y algo muy parecido a un hermano. Mi hermana se escandalizó al saber que no se lo había dicho a él y me hizo la encerrona típica, esa jodienda de "o se lo dices tú o se lo digo yo". Total, que se lo dije. Ante su (comprensible) asombro, mi hermana intervino para explicarle que había muchas escritoras que escribían HE para un público femenino. "¿Y eso te pone?" me preguntó él, sonriendo. Yo puse mi cara de "ni una cosa ni lo contrario", pero creo que él lo interpretó como un sí. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Fin de la conversación.
Justo cuando estaba empezando a pensar en publicar esta entrada, vino mi hermana, que de repente tuvo un afán explorador de mi blog y me dijo que ahora debo contar que ya salí del armario. Yo la miré con cara de "acabas de descubrir la pólvora", pero no le dije nada más, sino que me senté como una niña buena para hacerle caso a mi hermana mayor, esa que siempre me apoya y me da buenos consejos. Ah! testaruda de mí, debí darme cuenta de que eso debió ser siempre así.

Para el que no se haya enterado, se convoca la recopilación de Agosto de la colección Homoerótica y el grupo Origin_EyaoiEs. Los relatos o poemas pueden tener temática libre (siempre y cuando tengan que ver con el homoerotismo), la fecha de entrega es hasta el 15 de julio.
Para más información ver las bases completas en la página de la colección Homoerótica.

35

Es curioso lo que pasa cuando te das cuenta de que no has hecho cosas que son indispensables o que al menos la gente de tu entorno comprende como indispensable. No estoy hablando ahora de las cosas serias de la vida, sino de tonterías como leer tal o cual libro, o ver tal película que tu mejor amigo considera un "clásico indiscutible".
Si bien es cierto que mi cartera de "cosas que hacer antes de morir" sigue bien llenita (nunca he visto 2001: una odisea en el espacio ni los siete samurais, tampoco he leído aún todos los cuentos de Poe ni de Lovecraft, ni ninguna de las obras de teatro de Oscar Wilde, ni he ido jamás a disneylandia, etc, etc, etc, etc), había una cosita en esa cartera que de repente se me antojó no sólo fácilmente remediable, sino de imperiosa resolución.
Resulta que en Facebook, en el grupo de creciente creación Yaoi - M/M Authors, Nimphie lanzó la inocente pregunta de cuales eran tus novelas homoeróticas o con contenido gay favoritas, y ella misma hacía una lista de las suyas. Cualquiera que me conozca desde hace algún tiempo pensaría que yo no tendría problema alguno en decir las mías también, pero me di cuenta, no si un atisbo de sorpresa, que no sólo no había leído ninguna de su recomendaciones (salvo la saga de nightrunner, pero no son novelas de género homoerótico en sí, sino fantasía en la que casualmente el prota tiene ciertas tendencias homosexuales), sino que tampoco tenía novelas homoeróticas favoritas aparte de las historias que he leído en internet de autoras aficionadas (la mayoría) y que nunca había leído un libro homoeótico editado por una editorial (aquí excluyo a las autoediciones no por desmérito, sino por el concepto de industria que conllevan las editoriales. Y que conste que aún estoy esperando que Eldalie me mande mi ejemplar de Pierrot!). Si bien estoy harta de oír que en EEUU la literatura homoerótica (no la novela LGTB per se, sino la escrita por y para mujeres) tiene tanto público que hay editoriales enteras dedicadas a ellas, y que sus autoras tienen cierta repercusión, respercusión que no tienen grandes autoras latinas porque la industria editorial no abre mercado para ellas (razón por la cual todas terminan acudiendo a la autoedición y distribución de sus obras, generalemente gratuitas por la red, como Aurora Seldom, Khira, Van Krauser, Nut, Nimphie y un laaarrgo etc de autoras completamente talentosas). Podría aprovechar este momento para analizar como el mercado editorial hispanoparlante está haciendo cambios a este respecto -porque de repente todos somos testigos de como algunas de estas autoras están empezando con editoriales "de verdad"-, pero eso lo dejamos para otro pots, porque no era eso lo que quería contar.
Sin irme más por las ramas, me dije que siendo comsumidora y escritora de literatura homoerótica como lo soy, debería leer a autoras norteamericanas, que en mi inocente presunción, debían ser todas muy buenas. ¿Y por qué no lo iban a ser? Son autoras que PUBLICAN a nivel PROFESIONAL y que supuestamente tendrán el apoyo de EDITORES PROFESIONALES y que por supuesto COBRAN por escribir esos libros. Sin desmerecer a las autoras aficionadas (entre las que evidentemente me incluyo) supuse que la profesionalización conllevaba también un aumeto de la calidad, y que por lo tanto, si son buenas escritoras, tendrán influencias en el resto de autoras del género. Así que me dije que no podía seguir escribiendo sin haber leído algo que estas autoras, que ya me valía.
Así que no corta ni perezosa decidí empezar con Evangeline Anderson, porque tiene cierto renombre, y concretamente con su novela "El esclavo".
¿Qué fue lo que me encontré? Evidentemente mucho menos de lo que esperaba, razón de ser de este post. Si bien no espero que una historia erótica que no tiene aspiraciones de ser más que eso tenga mucha trama, lo que sí esperaba era que las novelas de esta mujer aspiraran a ser otra cosa, en vez de conformarse con ser el marco de absurdas situaciones que tienen siempre una resolución sexual, en una versión algo elaborada de un PWP o como yo la llamo PWASOP (Porn with a shit of plot). No voy a entrar a criticar el estilo de al autora pues leí una traducción al español hecha por aficionados y aunque hicieron un trabajo muy correcto, no voy a entrar ahi por si acaso. Lo que sí voy a criticar son aspectos de la trama y la caracterización de personajes que nada tienen que ver con el idioma en el que estén escritos.
La historia, ambientada en un cutre mundo de sci-fi más propio de la serie B hecha por fans de star trek, narra la historia de Haven, un maestro de la luz (una especie de caballero Jedi pero sin espada láser) y de su aprendiz Wren, un hermosísimo joven (es que podía ser de otra manera?) que en su niñez había sido un esclavo sexual cuyo dueño alquilaba su boca (me remito a mi acotación anterior), de cuya situación le había salvaso Haven (Ídem). Ambos van a hacer de intermediarios en unas negociaciones de paz entre dos pueblos, uno de humanoides peludos y algo hippies y el otro de reptilianos verdosos en plan "V", porque estos últimos querían volar el planeta de los primeros (como si tuvieran la estrella de la muerte) sin ninguna razón aparente. Para satisfacer las costumbres de los anfitriones, los reptilianos esos, los diplomáticos deben fingir tener un esclavo sexual porque está mal visto no tener uno, y claro, Wren se ofrece ingenuamente a fingir ser el esclavo de su maestro, del que está secretamente enamorado. Os puedo poner la sinopsis oficial, pero la mía es más divertida (porque tiene más mala leche).
Bueno, eso es básicamente el capítulo 1. El resto de la historia, otros trece capítulos, se basa en poner a aprendiz/esclavo y maestro/amo en una serie de situaciones que los fuerzan a una intimidad que para ellos está prohibida (pues el contacto sexual entre maestro y aprendiz es convenientemente un delito), pero que deben realizar para no poner en peligro las negociaciones (¿¿???), al tiempo que se van desentrañando los traumas de infancia de Wren, quien revive con cierta y desconcertante alegría el hecho de volver a estar sometido sexualmente y se desgranan los sentimientos reprimidos que ambos protagonistas guardan el uno por el otro. La historia tiene un malo, por supuesto, toda buena historia la tiene (los cuentos infantiles y las películas de disney no sería nada sin un buen malo) que es un reptiliano sádico y de carácter seco y escamoso (ja! acabo de hacer un chiste, ¿se fijaron?), que tiene debilidad por torturar esclavos y que por supuesto (a ver quien no lo ha adivinado ya?) le tiene ganas al precioso aprendiz de Haven, que para más señas tiene un apretado y virginal culo (creo estar usando palabras textuales de la novela). Además, aprendiz y maestro tienen una especie de conexión telepática el uno con el otro que resulta especialmente conveniente para poder meter complejos (y disparatados) diálogos en las escenas de sexo oral (ejem!).
Como no podía ser de otra manera hay sexo a mansalva en las 200 páginitas que tiene la novela, y expresiones soeces como para llenar una novela de 1000 páginas y que aún así fuera considerada como "guarrilla". Además el sexapeal de la novela se basa en someter al joven virgen al mandato de su musculoso, atractivísimo y aparentemente bastante bien dotado maestro. Si bien no voy a entrar a criticar las prácticas de sumisión-dominación o de sadomaso que se aprecian en el libro (ni soy quien, ni me parecen mal), no hay más erotismo que eso, y de hecho, el erotismo se va por la borda con expresiones como: "Nací para esto. Nací para estar de rodillas y someterme a ti. Para chupar tu polla", o la inolvidable "Sólo fóllame, ¿quieres? Sólo lléname con tu leche, ahora".
Una de las más delirantes escenas de la novela ocurre cuando Wren tiene que vestir una "cola" para ir a un desfile, cola que por supuesto se inserta por el ano. Haven tiene que ponérsela, claro y aplica unos aceites, aunque al hacerlo de manera incorrecta deja a su aprendiz en un estado de total cachondez mental que no desaparecerá hasta que no lo haga el aceite. Mientras ese aciete está en el ano y los genitales del chico, éste se comporta como un demonio lascivo pidiendole una y otra vez a su maestro que le dejara chupar su polla (de nuevo uso palabras textuales). Así que para quitar ese aceite, Haven hace a su aprendiz bañarse con fruicción, y de hecho él mismo se mete en la bañera con él y frota su pene y su culito para ayudarle a limpiarse. Pero todos los intenton son improductivos, hasta que al final le dicen que el único disolvente conocido para ese aceite es el semen y no un semen cualquiera, sino de aquel que lo apilcó (WTF?!), así que el propio Haven se ve en la "terrible obligación" de frotar el pene de su discípulo con su semen y de introducirlo también en su ano, pero sin (no se lo pierdan, que esto es bueno) desvirgarlo. Si quieren averigüar como lo consiguió, léanse el libro, aunque sea por esa malsana curiosidad.
Ahora, si has llegado al final del post, aparte de merecerte que te invite a una caña, querrás saber porqué coño me siento estafada. La razón es bien sencilla: ¿es esto es la literatura homoerótica nortemaericana, la más especializada y profesionalizada y aparentemente, al menos de cara a la galería, lo mejor que tenemos? ¿De verdad estas autoras, o al menos Evangliene Anderson (porque no he leído a otras y no quiero generalizar) publican porque sus libros sean buenos? No si ya veo que no, ¿es culpa mía por se ingenua y esperar algo mejor, por creer que puede haber una literatura erótica de calidad?
La verdad es que me alegro de no haberme comprado ese libro, porque si no es que me volvía loca, y lo que más me asombra y me enfada es ¿por qué demonios todas esas grandes autoras de homoeróticas en castellano, a las que Evangeline no llega a la suela del zapato, no tienen sus novelas publicadas y se pueden dedicar profesionalmente a la escritura y ella sí?
Después de leer este libro no me extraña tanto que la erótica sea un género olvidado y dejado al más absoluto ostracismo porque es mala literatura, porque si lo que se publica está a este nivel, efectivamente lo es. Esto debería hacernos reflexionar acerca de lo que las autoras de homoerótica en español queremos, qué tipo de literatura queremos crear, que estándar de calidad queremos darle a nuestro trabajo, sobre todo ahora que el mercado parece abrirse. ¿Podremos hacerlo mejor que las americanas? Espero, sinceramente, que sí.

7

Creo que mi entrada del otro día se merece una segunda parte, ahora que por fin tengo tiempo de sentarme a escribir.
Sinceramente, al parecer estaba metiendo un dedo en la llaga sin darme cuenta de que lo hacía, y de repente he generado un festival de opiniones. Ante todo, muchas gracias a tod@s los que se han pasado por aquí para contarme sus experiencias dentro y fuera del armario.
Amoldarse a las normas sociales, esconder quienes somos en realidad para no destacar, de eso trataba mi última entrada, pero es que ¡yo quiero destacar! No lo digo desde un punto de vista arrogante, no quiero ser más lista, o más guapa o más grande que nadie, pero sí presumo de ser diferente. ¿Se una friquie puede ser un orgullo? Espero que sí, porque ese es el mío.
Siempre me he sentido diferente, todos los somos, ya lo sé, pero yo siempre era más diferente. De pequeña era enteradita, marisabidilla, lectora compulsiva y escribía (según mi profesora) las mejores redacciones de la clase (¿se acuerdan de las redacciones?? Qué risa). Quizá por eso sufrí ese tan de moda acoso escolar, que antes no era más que "si los otros se meten contigo es que te lo buscas". Probablemente yo me lo buscaba porque nunca, ni en mis más hormonados años de adolescente, hice nada sólo para tener el reconocimiento de los demás. Cuando entré en el instituto, descubrí la literatura fantástica: los reinos olvidados, la dragonlance (de la que ahora reniego públicamente), la historia interminable, el elfo oscuro y Elric de Melniboné. Para cuando todas las chicas de mi clase llevaban las carpetas forradas con fotos de chicos guapos, yo la tenía plagada de dragones, guerreros épicos, espadas y sangre, ¡como no iba ser la rarita! Entonces, a mi hermana le dio por buscarse un novio friquie, y él reconoció mi potencial. Me regaló mi primer ejemplar de El señor de los Anillos y me enseñó a jugar al rol, hasta que terminamos yendo juntos a los torneos, jugando codo con codo (qué tiempos, ¿eh Agis?). Pero esa también fue la epoca del asesino del rol, de la mala fama de estos juegos, de que la gente te mirara raro sólo por tu afición, y al principio me daba mosca decirlo, hasta que un día me dije "al cuerno", e hice de mi afición mi bandera.
Supongo que el mecanismo es igual que el del día del orgullo gay: después de sentirte reprimido lo que deseas es expresar escandalosamente lo que eres, y eso hice yo. Por eso todos mis amigos saben que tengo todas esas aficiones raras... salvo la homoerótica.
¿Y por qué? Pues porque esto me viene de hace poco, algo menos de dos años, así que no es una de mis frikadas habituales. Además, al principio cuando descubrí lo que era el yaoi y empecé a ver/ leer mis primeros amines o mangas yaois lo hice de una manera soterrada. Luego empecé a escribir homoerótica (yo que siempre he odiado la literatura romántica, hay que joderse...), y al principio ni siquiera publicaba mis cosas, las escribía sólo para mí.
¿Dónde está el límite? ¿Cuándo esta afición ha dejado de ser algo íntimo para ser algo que al parecer todo el mundo tiene derecho a saber sobre mí? Quizá cuando empecé a publicar, cuando otros empezaron a leerme. Pero esas personas que me leen no saben quien soy yo, no saben nada de mí, ni de mi vida privada. Quizá el límite lo traspasé cuando dejé que algunos de ellos entraran en mi vida y se convirtieran en amigos y no sólo en meros lectores, quizá cuando he conocido personalmente a otras personas a las que me une la misma afición. ¿Ha sido entonces cuando mis dos "personalidades" se han fundido?
Siempre me ha llamado la atención esa ley no escrita por la que, al parecer, hay cosas de tu vida que los demás tienen "derecho" a saber sobre ti, mientras que otras son irrelevantes o se considera darles demasiada información. De nuevo usaré a los homosexuales para ilustrarlo: Si una persona es gay TODO el mundo tiene (al parecer) que saberlo, y cuando llega alguien nuevo al entorno se le dice "Pepito es gay" como si saberlo fuera fundamental para establecer una relación social con ese individuo. En cambio a nadie parece importarle, ni a nadie le digo, lo que hago con mi marido en la intimidad del dormitorio, y nadie quiere saber si soy sadomasoquista, si me gusta el bondage o si prefiero o no la postura del perrito, a nadie le importan mis opciones sexuales porque soy heterosexual, pero si mi opción sexual fuera ser lesbiana tendría que decirlo o por el contrario lo estaría ocultando. ¿No es eso injusto? ¿Por qué unas opciones sexuales permanecen en la intimidad mientras que otras deben ser declaradas como si estuviéramos en una aduana?
Eso me lleva a otra pregunta, ¿es mi afición por la homoerótica una opción sexual? Y si es así, ¿pertenece a la clase de las que puedo dejar en la intimidad o debo sacarla a colación ante el mundo sólo porque tenga algo que ver con la homosexualidad? ¿Si no lo digo es que lo estoy ocultando?
Yo no pretendo que todos mis amigos me digan si les gusta el cine porno o no, por ejemplo, así como yo no les digo que consumo homoerótica. O quizá ahí está la frontera, al dejar de ser una mera espectadora para pasar al lado de la creación propia, ¿es ahí donde esta afición ha abandonado el refugio de la intimidad?

22

Es curioso como a veces intentamos amoldarnos a las normas establecidas socialmente, como queremos adaptarnos hasta a veces ocultar quienes somos.
Supongo que todo esto viene porque ser una escritora de homoerótica en la red me hace sentirme un poco como dentro de un armario, no soy gay, pero los gays me gustan y escribo sobre ellos en ambientes generalmente cargados de erotismo, ¿es eso algo malo?
La verdad es que nunca he sentido que lo sea, de hecho me parece ridículo que alguien piense así, no tengo ese tipo de mente que me diga que algo está bien o no, al menos no desde un punto de vista puritano y mojigato. Nunca he sido así, ni he tenido prejuicios contra la gente que piensa diferente a mí. Supongo que eso es gracias a mi madre, que me enseñó la filosofía del "vive y deja vivir" y la de "en el sexo todo vale mientras los implicados están de acuerdo", buena filosofía de vida, ¿no? 😉
Cuando era pequeña, escuchando un día con atención la canción "Mujer contra mujer" de Mecano, me di cuenta de que hablaba de dos mujeres que estaban enamoradas. La verdad es que en ese momento me llamó mucho la atención y le pregunté a mi madre al respecto, ella pragmática donde las haya, me dijo sin ningún atisbo de pudor o juicio moral que había mujeres que se enamoraban de mujeres y hombres que se enamoraban de hombres, y que eso se llamaba homosexualidad. A mí, la única duda que me quedó, dado mis precarios conocimientos de anatomía sexual, era cómo harían los homosexuales el amor, y cómo podían entonces tener hijos. Creo que esa pregunta me la guardé para mí, y seguramente terminé por descubrirlo con los años.
Esto ocurrió más o menos a finales de los ochenta, y al hacerme más mayor y empezar a salir al mundo, de repente descubrí que los homosexuales eran vilipendiados y odiados por muchos, y que las cosas no eran ni tan fáciles ni tan bonitas como mi madre me había contado, pero para ese entonces, yo ya estaba tan carente de prejuicios hacia ellos que nunca comulgué con esas ideas. Cuando estaba en octavo de EGB, que antes era el último año de primaria, mi profesor de religión pontificaba acerca de que los que no seguían las normas de la Iglesia irían al infierno, que los homosexuales, los ateos, los paganos y las prostitutas arderían en las llamas por el resto de la eternidad. Yo pensaba en los "pobres homosexuales", como los llamaba mi mente de doce años, y me preguntaba "¿Por qué Dios los rechaza si los ha creado así?". Ese tipo de pensamientos que germinaron en mi mente en ese momento florecieron en un inapelable ateísmo que practico desde que tengo doce años, y como siempre digo, desde que aprendí a pensar por mí misma.
Y aún así, sólo unas pocas personas de mi entorno saben que esscribo literatura homoerótica, que mi nombre en la Red es Nayra Ginory, que no es mi nombre real. ¿Por qué no se lo digo a mis amigos? Me lo he preguntado muchas veces, ya estoy acostumbrada a ser la friqui del grupo (jugadora de rol, aficionada a la literatura fantástica, tolkiendili y miembro de la sociedad tolkien española, tan aficionada a SaintSeiya que sé decir "Dame tu fuerza Pegaso" en japonés...) que sé que lo tomarían como una más de mis extravagancias.
¿Es por vergüenza? ¿Vergüenza a qué? No lo sé, si siempre voy por ahí diciendo que este mundo debería ser libre para que la gente se exprese como son, y que la gente debe ser valiente para expresarse. ¿Es por miedo al rechazo? Lo dudo, porque esa no es mi naturaleza. Cuando tenía trece años y entré en el instituto una chica comenzó el bulo de que yo era lesbiana para joderme, y durante dos años no lo desmentí, porque quería saber quienes me aceptarían pasara lo que pasara. Fueron muy pocos la verdad y sufrí el ostracismo de la homosexualidad hasta que empecé a salir con un chico. ¿Entonces por qué no lo digo?
Primero se lo conté a mi marido, y se lo tomó sorprendentemente bien (¡!). Luego se lo dije a mi madre y a mi hermana mayor, y me dijeron que era una zorra por no decírselo antes, y se rieron de mí por haberlo ocultado. Hoy he superado otro tabú y le dejé leer a mi madre el relato que publiqué en la antología de relatos de San Valentín de la Coleccion homoerótica. Y me dijo que era "elegante", me gustó que lo describiera así.
Aún así, ni mis amigos, ni mis compañeros de trabajo, ni mi padre (que es tan homofóbico que si hay dos chicos besándose en una peli cambia de canal) lo saben. La verdad, es que esto empezó como un hobbie en la red, algo que hacía para mí, a lo que no le daba ninguna importancia, pero ahora tengo una novela a mitad y un montón de gente me lee, he hecho muchos amigos, y a algunos he tenido la suerte de conocerlos personalmente. Me he sentido como una persona como una doble personalidad: enfermera de día, escritora de homoerótica por la noche (o viceversa si me toca guardia nocturna en el hospital) pero ahora los límites entre esas dos personalidades parecen diluirse y ya no sé donde está el límite entre querer parcelar mi vida y estar ocultando un secreto. ¿Significa eso que tengo ganas de "salir del armario"? El tiempo lo dirá.