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Las hermanas pequeñas están hechas para sonreír. Sonreír con una sonrisa fabulosa y sincera. Las hermanas pequeñas están hechas para ser felices, niñas eternas que corren por el prado con vestidos de flores, criaturas etéreas y puras que contienen todo lo bueno que hay en el mundo. Las hermanas pequeñas están hechas para tener una vida larga y plena. 
Hoy es el aniversario de la muerte de mi hermana pequeña.
Las hermanas pequeñas deberían ser listas y adorables, deberían hacer carrera, tener un trabajo interesante. Las hermanas pequeñas deberían poder encontrar el amor, casarse con un hombre maravilloso y darte sobrinos a los que mimarás como nunca la mimaste a ella en la infancia, porque no eras más que una niña tonta que le tenía celos, y la llamabas enana, mocosa y le tirabas de las trenzas. 
Hoy es el aniversario de la muerte de mi hermana pequeña.
Las hermanas pequeñas deberían llorar por sus padres cuando estos fallecieran, mesándose los cabellos ante la incomprensión de la muerte, abrazándose a ti cuando devolvieran sus cuerpos al fuego y la tierra, con la confianza que una mujer sólo puede tener con las personas junto a la que se ha criado. Las hermanas pequeñas no están hechas para ser lloradas por sus mayores, por una madre ajada y un padre marchito, las hermanas pequeñas deberían ser inmortales. 
Hoy es el aniversario de la muerte de mi hermana pequeña.

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Muchos de usteden recordarán mis entradas de hace unos meses, donde explicaba que me sentía "dentro de un armario" por ser escritora de homoerótica a espaldas de las personas de mi entorno. Por aquel entonces, sólo tres personas, mi marido, mi madre y mi hermana sabía de esta afición y yo no me sentía con ánimos de decírselo a nadie más.
Hablando una vez con Nisa Arce sobre el tema, ella me dijo que se "vio en la obligación" de contarlo al decidir publicar una novela (Pierrot), y que no fue para tanto, que la gente que lo acepta bien, y el que no, que también.
Aún así, no sé porqué, yo seguía en cierta medida ansiosa ante la perspectiva de contarlo, pero al mismo tiempo, me sentía tonta por no hacerlo. Sintiéndome un poco frustrada, esccribí esa entrada en mi blog, contando mi experiencia y me sorprendí al ver cuantas escritoras/ lectoras de homoerótica estaban en la misma situación o lo habían estado, algunas tan famosas como Dorianne y Nut.
Esto es sorprendente, y me hizo sentir por un lado, que quizá mi actitud de secretismo no era tan poco habitual, pero aún así, seguía sientiéndome mal por no decirlo.
Al mismo tiempo, la puerta del armario empezó a abrirse un poco, sin que yo me diera mucha cuenta. Primero mi hermana me dijo que se lo había contado a su marido (mi cuñado el friki, del que ya os he hablado), luego, un día en medio de una conversación familiar, mi madre le contó a mi padre que yo estaba escribiendo una novela HE. Creo haber dicho que él es un hombre profundamente homofóbico aunque del tipo de los que "no tengo nada en contra de los gays, pero prefiero no tenerlos delante", ya saben que tipo de persona digo. Cuando mi madre se lo dijo, él miró para mí y me dijo "¿Sí?" como esperando mi confirmación. Cuando se la di me miró con renovado interés (!) y me dijo: "¿Pero es romántica o sólo de ñaca-ñaca?". Creo que se quedó satisfecho cuando le dije que había un poco de todo. Si bien su respuesta fue sorprendentemente favorable, escurrió el bulto cuando mi madre le dijo que se podía leer el cuento que había incluído en la recopilación de san valentín de la colección homoerótica, enseñándole el libro en cuestión. En fin, no se le puede pedir peras al olmo.
Aún así, después de ese pequeño incidente empecé a darme cuenta que mi situación no era sólo insostenible, sino también ridícula. ¿Por qué estoy tan asustada por la reacción de los demás, máxime cuando sé que la gente que me quiere, me quiere lo suficiente como para no reprobarme nada, y que además, esta afición tampoco es reprobable? Venga hombre, vamos a salir del armario, y a quemarlo después!
Así que haciendo gala de una valentía (sin límites), invité a cenar a mi mejor amiga (porque las cosas bien hechas quedan mejor hechas) y en medio de una distendida conversación dejé caer que llevaba un blog, con la expresa intención de contárselo todo. Y lo hice, no sólo que escribía una novela homoerótica, sino que era aficionada al yaoi (dándole de paso una explicación de que es el yaoi), que había publicado un cuento con la colección homoerótica (dándole de paso una explicación de que es la colección homoerótica) y etc, etc. Ella, lo único que hizo fue reírse y decirme "no sé porqué no me extraña...". Claro que no es raro que no le extrañe, cuando ella me conoce tan bien. Su siguiente reacción fue enfadarse conmigo por no habérselo contado antes. He descubierto que esa es también una reacción muy común.
Al día siguiente, aproveché los restos de mi rapto de valentía y se lo comenté como si nada a otra buena amiga, que como tiene un hermano gay y es muy open mind no me dijo más que un "que guay" antes de volver su atención a la ropa que estábamos mirando. Total, que le resbaló.
Ayer, por fin, se lo dije (con público y todo) a mi muy mejor amigo. Creo que no les he hablado de él: él es el mejor amigo gay que toda chica debe tener, sólo que es hetero (aunque para su gran pesar, no lo parece). También es el único amigo que conservo de mi época de instituto, y algo muy parecido a un hermano. Mi hermana se escandalizó al saber que no se lo había dicho a él y me hizo la encerrona típica, esa jodienda de "o se lo dices tú o se lo digo yo". Total, que se lo dije. Ante su (comprensible) asombro, mi hermana intervino para explicarle que había muchas escritoras que escribían HE para un público femenino. "¿Y eso te pone?" me preguntó él, sonriendo. Yo puse mi cara de "ni una cosa ni lo contrario", pero creo que él lo interpretó como un sí. A buen entendedor, pocas palabras bastan. Fin de la conversación.
Justo cuando estaba empezando a pensar en publicar esta entrada, vino mi hermana, que de repente tuvo un afán explorador de mi blog y me dijo que ahora debo contar que ya salí del armario. Yo la miré con cara de "acabas de descubrir la pólvora", pero no le dije nada más, sino que me senté como una niña buena para hacerle caso a mi hermana mayor, esa que siempre me apoya y me da buenos consejos. Ah! testaruda de mí, debí darme cuenta de que eso debió ser siempre así.

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Supongo que se habrán dado cuenta que mi blog lleva parado un par de semanas. Por desgracia lo estará algún tiempo más.
Ahora mismo, estoy pasando por un momento vital que me impide escribir frivolidades, y por lo tanto, no puedo publicar entradas coherentes al ambiente general de este blog.
Siempre he dicho que soy contraria a la publicación de la vida privada en internet, y eso lo saben muy bien aquellos que me conocen por la red, porque yo no les cuento nada o casi nada de lo que pasa en mi vida cuando apago el ordenador (salvo a una personita, ella sabe quien). Por lo tanto, no voy a aburriros contando lo que pasa por mi vida ahora mismo, y porque en realidad no tengo ánimos para escribir sobre ello.
Los que seguís mi blog desde el año pasado quizá sepan ya a que problema me refiero, en todo caso, la situación es tal que necesito tiempo interior para empezar a hacer un duelo y a prepararme para lo que se me viene por delante.
Por la misma razón, la publicación de mi novela también quedará en suspenso indefinidamente, al menos hasta que mi mente sea capaz de volver a funcionar con su perversión habitual, lo que puede tardar un tiempo, espero que no muy largo, en cualquier caso ahora mismo no deseo estar pendiente de actualizaciones, comentarios y demás familia.
Es bastante posible que me siga pasando por aquí, y aquellos cuyos blogs sigo, que sepan que les seguiré leyendo, aunque veo poco probable que comente mucho, espero sepan comprenderlo.
Por lo demás, espero volver pronto a estos lares y reencontrarme con vosotros en más favorables circunstancias. Un beso a todos

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Creo que mi entrada del otro día se merece una segunda parte, ahora que por fin tengo tiempo de sentarme a escribir.
Sinceramente, al parecer estaba metiendo un dedo en la llaga sin darme cuenta de que lo hacía, y de repente he generado un festival de opiniones. Ante todo, muchas gracias a tod@s los que se han pasado por aquí para contarme sus experiencias dentro y fuera del armario.
Amoldarse a las normas sociales, esconder quienes somos en realidad para no destacar, de eso trataba mi última entrada, pero es que ¡yo quiero destacar! No lo digo desde un punto de vista arrogante, no quiero ser más lista, o más guapa o más grande que nadie, pero sí presumo de ser diferente. ¿Se una friquie puede ser un orgullo? Espero que sí, porque ese es el mío.
Siempre me he sentido diferente, todos los somos, ya lo sé, pero yo siempre era más diferente. De pequeña era enteradita, marisabidilla, lectora compulsiva y escribía (según mi profesora) las mejores redacciones de la clase (¿se acuerdan de las redacciones?? Qué risa). Quizá por eso sufrí ese tan de moda acoso escolar, que antes no era más que "si los otros se meten contigo es que te lo buscas". Probablemente yo me lo buscaba porque nunca, ni en mis más hormonados años de adolescente, hice nada sólo para tener el reconocimiento de los demás. Cuando entré en el instituto, descubrí la literatura fantástica: los reinos olvidados, la dragonlance (de la que ahora reniego públicamente), la historia interminable, el elfo oscuro y Elric de Melniboné. Para cuando todas las chicas de mi clase llevaban las carpetas forradas con fotos de chicos guapos, yo la tenía plagada de dragones, guerreros épicos, espadas y sangre, ¡como no iba ser la rarita! Entonces, a mi hermana le dio por buscarse un novio friquie, y él reconoció mi potencial. Me regaló mi primer ejemplar de El señor de los Anillos y me enseñó a jugar al rol, hasta que terminamos yendo juntos a los torneos, jugando codo con codo (qué tiempos, ¿eh Agis?). Pero esa también fue la epoca del asesino del rol, de la mala fama de estos juegos, de que la gente te mirara raro sólo por tu afición, y al principio me daba mosca decirlo, hasta que un día me dije "al cuerno", e hice de mi afición mi bandera.
Supongo que el mecanismo es igual que el del día del orgullo gay: después de sentirte reprimido lo que deseas es expresar escandalosamente lo que eres, y eso hice yo. Por eso todos mis amigos saben que tengo todas esas aficiones raras... salvo la homoerótica.
¿Y por qué? Pues porque esto me viene de hace poco, algo menos de dos años, así que no es una de mis frikadas habituales. Además, al principio cuando descubrí lo que era el yaoi y empecé a ver/ leer mis primeros amines o mangas yaois lo hice de una manera soterrada. Luego empecé a escribir homoerótica (yo que siempre he odiado la literatura romántica, hay que joderse...), y al principio ni siquiera publicaba mis cosas, las escribía sólo para mí.
¿Dónde está el límite? ¿Cuándo esta afición ha dejado de ser algo íntimo para ser algo que al parecer todo el mundo tiene derecho a saber sobre mí? Quizá cuando empecé a publicar, cuando otros empezaron a leerme. Pero esas personas que me leen no saben quien soy yo, no saben nada de mí, ni de mi vida privada. Quizá el límite lo traspasé cuando dejé que algunos de ellos entraran en mi vida y se convirtieran en amigos y no sólo en meros lectores, quizá cuando he conocido personalmente a otras personas a las que me une la misma afición. ¿Ha sido entonces cuando mis dos "personalidades" se han fundido?
Siempre me ha llamado la atención esa ley no escrita por la que, al parecer, hay cosas de tu vida que los demás tienen "derecho" a saber sobre ti, mientras que otras son irrelevantes o se considera darles demasiada información. De nuevo usaré a los homosexuales para ilustrarlo: Si una persona es gay TODO el mundo tiene (al parecer) que saberlo, y cuando llega alguien nuevo al entorno se le dice "Pepito es gay" como si saberlo fuera fundamental para establecer una relación social con ese individuo. En cambio a nadie parece importarle, ni a nadie le digo, lo que hago con mi marido en la intimidad del dormitorio, y nadie quiere saber si soy sadomasoquista, si me gusta el bondage o si prefiero o no la postura del perrito, a nadie le importan mis opciones sexuales porque soy heterosexual, pero si mi opción sexual fuera ser lesbiana tendría que decirlo o por el contrario lo estaría ocultando. ¿No es eso injusto? ¿Por qué unas opciones sexuales permanecen en la intimidad mientras que otras deben ser declaradas como si estuviéramos en una aduana?
Eso me lleva a otra pregunta, ¿es mi afición por la homoerótica una opción sexual? Y si es así, ¿pertenece a la clase de las que puedo dejar en la intimidad o debo sacarla a colación ante el mundo sólo porque tenga algo que ver con la homosexualidad? ¿Si no lo digo es que lo estoy ocultando?
Yo no pretendo que todos mis amigos me digan si les gusta el cine porno o no, por ejemplo, así como yo no les digo que consumo homoerótica. O quizá ahí está la frontera, al dejar de ser una mera espectadora para pasar al lado de la creación propia, ¿es ahí donde esta afición ha abandonado el refugio de la intimidad?

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Es curioso como a veces intentamos amoldarnos a las normas establecidas socialmente, como queremos adaptarnos hasta a veces ocultar quienes somos.
Supongo que todo esto viene porque ser una escritora de homoerótica en la red me hace sentirme un poco como dentro de un armario, no soy gay, pero los gays me gustan y escribo sobre ellos en ambientes generalmente cargados de erotismo, ¿es eso algo malo?
La verdad es que nunca he sentido que lo sea, de hecho me parece ridículo que alguien piense así, no tengo ese tipo de mente que me diga que algo está bien o no, al menos no desde un punto de vista puritano y mojigato. Nunca he sido así, ni he tenido prejuicios contra la gente que piensa diferente a mí. Supongo que eso es gracias a mi madre, que me enseñó la filosofía del "vive y deja vivir" y la de "en el sexo todo vale mientras los implicados están de acuerdo", buena filosofía de vida, ¿no? 😉
Cuando era pequeña, escuchando un día con atención la canción "Mujer contra mujer" de Mecano, me di cuenta de que hablaba de dos mujeres que estaban enamoradas. La verdad es que en ese momento me llamó mucho la atención y le pregunté a mi madre al respecto, ella pragmática donde las haya, me dijo sin ningún atisbo de pudor o juicio moral que había mujeres que se enamoraban de mujeres y hombres que se enamoraban de hombres, y que eso se llamaba homosexualidad. A mí, la única duda que me quedó, dado mis precarios conocimientos de anatomía sexual, era cómo harían los homosexuales el amor, y cómo podían entonces tener hijos. Creo que esa pregunta me la guardé para mí, y seguramente terminé por descubrirlo con los años.
Esto ocurrió más o menos a finales de los ochenta, y al hacerme más mayor y empezar a salir al mundo, de repente descubrí que los homosexuales eran vilipendiados y odiados por muchos, y que las cosas no eran ni tan fáciles ni tan bonitas como mi madre me había contado, pero para ese entonces, yo ya estaba tan carente de prejuicios hacia ellos que nunca comulgué con esas ideas. Cuando estaba en octavo de EGB, que antes era el último año de primaria, mi profesor de religión pontificaba acerca de que los que no seguían las normas de la Iglesia irían al infierno, que los homosexuales, los ateos, los paganos y las prostitutas arderían en las llamas por el resto de la eternidad. Yo pensaba en los "pobres homosexuales", como los llamaba mi mente de doce años, y me preguntaba "¿Por qué Dios los rechaza si los ha creado así?". Ese tipo de pensamientos que germinaron en mi mente en ese momento florecieron en un inapelable ateísmo que practico desde que tengo doce años, y como siempre digo, desde que aprendí a pensar por mí misma.
Y aún así, sólo unas pocas personas de mi entorno saben que esscribo literatura homoerótica, que mi nombre en la Red es Nayra Ginory, que no es mi nombre real. ¿Por qué no se lo digo a mis amigos? Me lo he preguntado muchas veces, ya estoy acostumbrada a ser la friqui del grupo (jugadora de rol, aficionada a la literatura fantástica, tolkiendili y miembro de la sociedad tolkien española, tan aficionada a SaintSeiya que sé decir "Dame tu fuerza Pegaso" en japonés...) que sé que lo tomarían como una más de mis extravagancias.
¿Es por vergüenza? ¿Vergüenza a qué? No lo sé, si siempre voy por ahí diciendo que este mundo debería ser libre para que la gente se exprese como son, y que la gente debe ser valiente para expresarse. ¿Es por miedo al rechazo? Lo dudo, porque esa no es mi naturaleza. Cuando tenía trece años y entré en el instituto una chica comenzó el bulo de que yo era lesbiana para joderme, y durante dos años no lo desmentí, porque quería saber quienes me aceptarían pasara lo que pasara. Fueron muy pocos la verdad y sufrí el ostracismo de la homosexualidad hasta que empecé a salir con un chico. ¿Entonces por qué no lo digo?
Primero se lo conté a mi marido, y se lo tomó sorprendentemente bien (¡!). Luego se lo dije a mi madre y a mi hermana mayor, y me dijeron que era una zorra por no decírselo antes, y se rieron de mí por haberlo ocultado. Hoy he superado otro tabú y le dejé leer a mi madre el relato que publiqué en la antología de relatos de San Valentín de la Coleccion homoerótica. Y me dijo que era "elegante", me gustó que lo describiera así.
Aún así, ni mis amigos, ni mis compañeros de trabajo, ni mi padre (que es tan homofóbico que si hay dos chicos besándose en una peli cambia de canal) lo saben. La verdad, es que esto empezó como un hobbie en la red, algo que hacía para mí, a lo que no le daba ninguna importancia, pero ahora tengo una novela a mitad y un montón de gente me lee, he hecho muchos amigos, y a algunos he tenido la suerte de conocerlos personalmente. Me he sentido como una persona como una doble personalidad: enfermera de día, escritora de homoerótica por la noche (o viceversa si me toca guardia nocturna en el hospital) pero ahora los límites entre esas dos personalidades parecen diluirse y ya no sé donde está el límite entre querer parcelar mi vida y estar ocultando un secreto. ¿Significa eso que tengo ganas de "salir del armario"? El tiempo lo dirá.