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Últimamente, todo el mundo parece ser un friki de algo: de los coches, de los ordenadores, de las series, de los gatos..., unos y otros se definen como frikis a sí mismos (o a sus amigos) tan alegremente.

Si lo pensamos, no es tan difícil que algo así ocurra, al fin y al cabo, en el español (y en España) la palabra friki tiene muchos significados, pero una de ellas hace referencia a una especie muy concreta de seres humanos (aquellos que en USA son conocidos como geeks). ¿Quiénes son estos extraños seres?

Si buscamos la respuesta en la RAE obtenemos en la tercera de las acepciones de la palabra en cuestión una definición del friki como alguien que practica desmesurada y obsesivamente una afición. Aunque no desacertada, sí que es insuficiente para diferenciar a a aquellos que celebran su día grande el 25 de mayo y a los que sencillamente son unos grandes aficionados a la alfarería. Si acudimos a la Wikipedia, vemos que un friki (o friqui) es aquel cuyas aficiones, comportamiento o vestuario son inusuales. Y luego, quizás para diferenciar al friki de cualquier persona sencillamente extravagante, añade: "Al conjunto de aficiones minoritarias propias de los frikis se denomina frikismo o cultura friki".

Quizás sea la definición de la cultura friki lo que realmente nos explique de qué hablamos en realidad: generalmente, el ámbito frikoso se circunscribe a aquellos aspectos culturales considerados como minoritarios, marginales, o simplemente demasiado pueriles para que se entienda socialmente que un adulto sea aficionado a ellos: películas y libros de fantasía o ciencia-ficción, el anime y los cómics de cualquier género, los videojuegos, la informática o los juegos de rol y/o de mesa y estrategia.

Hace 15 ó 20 años ese pobre friki era una especie en peligro: se ocultaba en las sombras, se camuflaba en sociedad y sólo mostraba sus verdaderos intereses cuando se encontraba entre sus semejantes. Se reunía con otros frikis en jornadas de rol, tiendas de cómics, convenciones de cine fantástico o de terror, salones del manga y facultades de informática de toda España. Esa era la época de los "asesinos del rol", de la primera PlayStation y prácticamente el único superhéroe cinematográfico que se tenía como referencia era el kitsch y algo ya lejano Batman de Tim Burton y el más kitsch además de terrible de Joel Schumacher. Tolkien era un desconocido para el gran público, Game of Thrones aún no había sido traducido al español y lo que más lo petaba era "Vampiro: la mascarada". En aquellos tiempos, la palabra friki se usaba casi siempre en tono despectivo y, con una acepción cercana a la del Freak original, más para referirse a los fenómenos televisivos que salían en lates show como Crónicas marcianas que a los inofensivos aficionados a D&D o a las publicaciones de Marvel.

En los albores del siglo XXI la cosa empezó a cambiar. Los frikis se arremolinaban (nos arremolinábamos) en manadas y a plena vista, a veces luciendo elaborados cosplays, en los estrenos de las sagas de Star Wars, los X-men de Singer, el Spiderman de Raimi o El señor de los anillos. Se empezó a normalizar que los niños criados en los 80 con los primeros videojuegos siguieran (siguiéramos) jugando a las maquinitas bien entrada la veintena (y la treintena), empezaron a proliferar salones del cómic y/o manga y/o videojuegos por toda España, y el cine de superhéroes se convirtió en un género por sí mismo. El posterior éxito de ficciones televisivas de género como The walking deadGame of Thrones o la comeda The big bang theory (que es un alegato de amor a la cultura friki y todos sus integrantes) ayudaron no solo a la normalización sino también a la proliferación del friki. El friki ya no se ocultaba: salía a la calle con su camiseta del Capitán América o lucía con orgullo en su sala de estar su colección de Warhammer.

Ahora, algunos aspectos de la cultura friki están tan integrados en la cultura de masas que todo el mundo sabe qué es el Anillo Único, quién es Tyrion Lannister o para qué quería Thanos chasquear los dedos, y cualquier fan de GoT se autoproclama como friki sin ningún tipo de pudor. Eso puede hacer que el friki "tradicional" se sienta desplazado ante una masa ingente de personas que se autoproclama como tal por consumir productos al que hace 20 años ningún adulto biempensante le hubiera dedicado un segundo vistazo. Si bien es cierto que no hay solo un buen modo de ser un friki y que hay tantos tipos de frikis como frikis hay, ahí va la guía definitiva de...

Sé un fanático de lo tuyo:

Que sí. Que has visto todos y cada uno de los capítulos de GoT, varias veces y en maratón. Que sabes diferenciar a los Lannister (los malos) de los Stark (los buenos) y que tu personaje favorito es Arya. Felicidades, eres un fan de la serie. Fin de la historia.
Para ser un friki no basta con ser tan solo un fan. El friki de GoT (o cualquier otra serie o saga de películas) es un experto: no solo la ve, la analiza; no se conforma con los capítulos, sino que absorve todo el contenido extra que exista: se ve los tráilers antes que nadie, lee las noticias relacionadas, sigue a las webs específicas, se mete en foros para ver imágenes del rodaje e intercambia teorías acerca de los personajes y la trama...  Y sobre todo: un friki no se queda en la serie, sino que se devora los libros (y probablemente ya lo hacía antes de que la serie se estrenara), lo que nos lleva al siguiente punto.

Léete el libro (y disfrútalo):

Un auténtico friki siempre acude a las fuentes originales. No importa lo mucho o lo poco que te gusten las películas de Peter Jackson, si eres un auténtico tolkiendili no te has contentando con verlas y criticarlas, sino que conoces los libros al dedillo, te has leído el Silmarillion, Los hijos de Húrin y sabes perfectamente quién es David Day. Los auténticos potterheads han devorado toda la saga literaria de J.K. Rowling, incluso los libros derivados como Los cuentos de Beedle el Bardo o Animales fantásticos y donde encontrarlos. Un fan de los superhéroes ya se ha leído todos los comics habidos y por haber, le explica a sus amigos las escenas finales de las pelis de Marvel y el adecuado orden de visionado de las mismas, o diserta infatigablemente sobre las diferencias entre el Batman clásico y el de Frank Miller. Y aunque la película (o la serie o el videojuego) en cuestión sea una obra basada en un guión original, si eres un auténtico friki tampoco te librarás de leer cualquier obra derivada, como sabe cualquier súper fan de Star Wars y su universo expandido.

Ve la versión original:

Cualquiera que vea The big bang theory en versión doblada al castellano se pierde los célebres Bazingas de Sheldon y el hilarante acento hindú de Koothrappali. Por supuesto que la puedes ver doblada, pero si eres un auténtico friki no lo harás. Tampoco llamarás Nieve a los bastardos del norte de Westeros, sino Snow, y sabrás perfectamente que Bolsón no es más que una buena traducción al castellano del original Baggins. Como friki y puto experto de lo tuyo que eres, no te preocupará lo más mínimo pecar de pedante al afirmar con petulancia supina que las versiones dobladas son, técnicamente, caca. Da igual que la ficción en cuestión sea en inglés, checo, coreano o japonés (sobre todo si es en japonés) la verás en su versión original, lo que de paso te ayudará a aprenderte una multitud inacabable de citas y expresiones en otros idiomas que te serán completamente inútiles en la vida real pero altamente amortizables en el mundo friki. Si ya el idioma en cuestión del que pillas algo es inventado (como el Quenya, el Klingon o el Dothraki) te convertirás de manera automática en el Fucking Master of the Universe.

Colecciona cosas:

Da igual si eres un geek o un gamer, si eres un trekkie o un otaku, seguro que hay algo que quieres coleccionar: los DVD's, mangas y Myth Cloth de Saint Seiya; cada consola de Nintendo desde la primera GameBoy, todos las películas de Estudio Ghibli o los Funko Pop de Harry Potter. El coleccionismo no solo es una tendencia natural en ti, sino que también te ofrece la oportunidad de exponer al mundo (y hacerlo muy claramente) cuál es tu área de especialización. Por supuesto, como buen friki puedes poseer tantas colecciones como áreas de especialización tengas, combinando en una misma habitación action figures de Superman con las novelas completas de Los Reinos Olvidados, varias ediciones del Señor de los Anillos en el mismo estante que las obras completas de CLAMP o una caja llena de dados de rol de todos los colores y patrones imaginables junto a los DVD's de la serie Buffy, Cazavampiros. Todo vale.

Haz cosplay (y hazlo en público):

¿Qué mejor manera hay de expresar tu completa admiración por Naruto que querer ser como él y dejar que el mundo lo sepa? Pasearte por tu ciudad con motivo de algún salón del cómic o los videojuegos a lo Solid Snake o llevando una Death Note bajo el brazo, o desempolvar tu túnica de Jedi Master para el estreno anual de la nueva de Star Wars es lo más in en el mundo friki. Para un triunfo total, combínalo con desvergüenza, una inmersión total en el papel y disposición para sacarte todas las fotos que te pidan. Triunfarás.

Ahora, sal al mundo y conviértete en el mejor friki que puedas ser.

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Esta temporada, Versailles ha cerrado sus puertas. La serie de Canal + , creada por Simon Mirren y David Wolstencroft, y publicitada como la más ambiciosa de la televisión francesa, acaba en su tercera temporada tras treinta episodios de intrigas palaciegas.

Esta serie, cuyas hechuras de gran producción se ven sobre todo en la ambientación, el vestuario y las localizaciones de rodaje, tiene en realidad alma de guilty pleasure: una soap opera que se permite cuantas licencias históricas le convengan, que se centra en las conspiraciones, las leyendas sobre el reinado de Luis XIV y sobre todo, los amoríos en la corte, lo que nos deja en las retinas el recuerdo de sus muy abundantes y casi siempre gratuitas escenas de sexo.

Pero no nos engañemos, soap opera o no, cumple perfectamente su objetivo. No importa que sospeches que la historia no fue tal cual la cuenta, que alguna situación o giro de guión sea algo inverosímil, que te moleste levemente que los actores sean mucho más atractivos que a las personas a las que interpretan: sencillamente, quieres más y más, y ahora que la serie se acaba, ha dejado un hueco que difícilmente una ficción histórica más sesuda y ajustada a la realidad podría llenar.

El reparto, sin llegar a ser estelar, cumple bien sus funciones. Si bien no hay ningún actor cuya interpretación sea especialmente remarcable, tampoco hay ninguno al que echaría a los perros, y el resultado final es eficaz. De hecho, muchos de sus personajes resultan memorables. He aquí mis favoritos.

Luis XIV (George Blagden):

«Luis XIV es rey desde los 4 años. Durante años, Francia ha sido gobernada por un consejo regido por su madre. Ahora, la regente a muerto. Los nobles se están haciendo con el control. Para sobrevivir, Luis tiene que derrotar a sus enemigos y formar un nuevo centro de poder lejos de París, en una pequeña villa llamada: Versailles».

 Conocido sobre todo por su papel del padre Athelstan en Vikingos, George Blagden se unió a esta serie para liderar un reparto copado de actores británicos (a pesar de que la producción principal es francesa, la seria está rodada en inglés para satisfacer sus aspiraciones internacionales) interpretando al Rey Sol durante los años centrales de su reinado, en los que convierte el antiguo coto de caza que era Versailles en el centro de su corte y el mayor símbolo del absolutismo.

El joven rey Luis, traumatizado por la fronda (revuelta de los nobles contra el poder real) desconfía de la nobleza francesa y rehuye habitar en París. Al mismo tiempo, sueña con la construcción de un palacio de especial magnificencia que a la vez sea el símbolo de su poder y una jaula de oro para la nobleza, que se verá obligada a residir a la sombra del rey, y estará demasiado ocupada en la vida cortesana como para poder planear nuevos complots. A su vez, el rey se rodea de personas de total confianza, muchos de ellos de origen plebeyo, mientras afianza su poder y camina hacia el absolutismo...

Madame de Montespan

Favorita de Luis XIV, manipuladora, hermosa, cruel y la equivalente versallesca a una animadora rubia de instituto americano de toda la vida, Athenaïs de Montespan se muestra decidida a hacer lo que haga falta para conservar el amor del rey y la posición social que ello conlleva. La interpretación de Anna Brewster me parece digna de destacar por el retrato que hace de esta dama: vulnerable y profundamente enamorada, pero envuelta en una coraza más dura que cualquier diamante.

Felipe de Francia, Duque de Orleans.

La primera vez que vemos a Felipe de Orleans, el hermano menor del rey, interpretado por el galés Alexander Vhalos, tiene la cabeza entre las piernas de su amante, el frívolo Chevalier de Lorraine. Por supuesto, eso le convirtió automáticamente en mi personaje favorito.

 

Felipe, que ha crecido y vivido siempre bajo la alargada sombra de su hermano, desespera en la corte y anhela la gloria que solo el campo de batalla puede darle. Quizás sea Felipe uno de los personajes que más evoluciona a lo largo de las tres temporadas, y con él lo hace la relación fraternal de amor-odio que mantiene con Luis.

Inmaduro y envidioso, fiero en la batalla y con ciertas tendencias travestistas, Felipe es una persona inconstante e infeliz, que no sabe lo que realmente quiere hasta que lo pierde.

Chevalier de Lorraine

Célebre por ser «tan hermoso como un ángel», Felipe de Lorraine, más conocido como el Chevalier, es el inconstante, irresponsable y avaricioso amante del hermano del rey, siendo el principal interés amoroso de Felipe de Orleans a lo largo de las tres temporadas. Interpretado por el casi desconocido Evan Williams, Lorraine se mete en más de un lío por su falta de aprecio por la ley y su amor por el lujo y las riquezas.

Princesa Palatina. 

Liselotte aparece en Versailles en la segunda temporada para convertirse en la
esposa de Felipe y al mismo tiempo, en un nuevo escollo de este en su relación con el de Lorraine. Liselotte no llega con buen pie a Versailles: casada con un hombre por el que se siente fascinada pero que no muestra el menor interés por ella, imbuida en un ambiente cortesano y altamente protocolario que no entiende, humillada por las damas de la corte, que la consideran pueblerina y vulgar, y enfrentada a la enemistad del amante de su esposo, la princesa Palatina tendrá que encontrar su lugar en el palacio y conseguir que Felipe consume con ella su matrimonio, lo cual no será nada fácil. Pero parlanchina, abierta y brutalmente honesta como es ella, poco a poco irá ganándose el afecto de aquellos que la rodean.

Fabien Marchal

Jefe de la policía y de seguridad del rey, Monsieur Marchal protagoniza muchas de las más importantes tramas de la serie: investiga crímenes, mete las narices en el célebre «asunto de los venenos» (complot real que resultó con la muerte de numerosos cortesanos de la época), desenmascara a espías, brujos y traidores, a los que apresa, tortura y asesina por la gloria de Luis XIV. Un personaje íntegro y honrado que no se plantea nada más allá de la lealtad que le debe a su rey.

Madame de Maintenon.

Amiga de la infancia de Athénaïs, Françoise llega a Versailles como niñera de los hijos naturales que había tenido con el rey. De pasado incierto, no muy alta cuna y antigua protestante, es ahora una católica ferviente. Madame de Maintenon traba una profunda amistad con el rey de Francia, del que se convertirá en una suerte de consejera espiritual en un momento en el que este se encuentra totalmente perdido. Reacia a mantener relaciones extramatrimoniales, Françoise mantiene una relación más bien platónica con el rey a la vez que se destapa como un despiadado animal político, que empuja a Luis a seguir sus ambiciones.

En definitiva, Versailles es una serie efectiva y efectista, de factura técnica impecable y altamente disfrutable. Un guilty pleasure en toda regla que hará las delicias de todos los amantes de la ficción histórica.

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